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América Latina y el shock de EEUU

Revista G de Gestión (Perú)

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Existe aún mucha incertidumbre sobre las nuevas políticas económicas que finalmente se terminarán implementando en EEUU, con tres dimensiones particularmente relevantes para América Latina: los cambios en las políticas comerciales, de inmigración y remesas.

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Existe aún mucha incertidumbre sobre las nuevas políticas económicas que finalmente se terminarán implementando en EEUU, con tres dimensiones particularmente relevantes para América Latina: los cambios en las políticas comerciales, de inmigración y remesas.

Con todo, esta incertidumbre no afecta a América Latina por igual. México es el más afectado, por estrecho vínculo con EEUU, con fuertes pérdidas en los precios de los activos mexicanos y una significativa depreciación del tipo de cambio (empujando al alza a la inflación) al tiempo que se ralentiza la inversión. Además, los indicadores de confianza de familias y empresas se han desplomado a niveles históricamente reducidos.

En América del Sur el panorama es muy diferente. Hoy las plazas financieras han recuperado con creces las pérdidas después de las elecciones, sin duda ayudadas por el incremento de los precios de las materias primas. Asimismo, la confianza se ha empezado a recuperar, aunque se mantiene, en general, en niveles de pesimismo (salvo en Perú, donde se ha recuperado el optimismo).

Esta diferente respuesta frente a la incertidumbre sobre las políticas en EEUU marcará la divergencia en la dinámica del crecimiento en ambas áreas. Tanto América del Sur como México crecerán al 1% en 2017, pero en América del Sur eso representa un punto de inflexión después de 3 años de desaceleración y de un crecimiento negativo de -1,4% en 2016. Por su parte, en México el impacto negativo sobre la inversión, unido a una política monetaria más restrictiva, generará una desaceleración de la actividad económica en 2017 respecto a un ritmo de crecimiento de alrededor del 2,3% en los últimos 3 años. Será un bache temporal, pues anticipamos que ambas regiones crezcan alrededor del 1,7% en 2018, un crecimiento aún débil en relación al potencial de la región, más cercano al 3%.

¿Y en el Perú? El motor del crecimiento irá basculando desde la minería hacia la inversión en infraestructura a partir de este año. En cualquier caso, seguirá mostrando este año y el siguiente las mayores tasas de crecimiento (3,5% y 3,6%) entre los países grandes de América Latina.

De este modo, tendremos una diferencia marcada en el dinamismo del norte y sur de la región: recuperación en América del Sur en 2017, pero desaceleración en México. Con todo, los riesgos alrededor de esta previsión regional siguen sesgados a la baja. Además de los relacionados con las políticas que se implementen en EEUU o el ritmo de desaceleración en China, por el lado interno hay que sumar el ruido político (acrecentado con investigaciones de corrupción en marcha en varios países), y el riesgo de largo plazo de no relanzar el proceso de reformas para aumentar la productividad.

Aun así, es importante resaltar que, como en el caso de la crisis global de 2008-9, la región tiene ahora dos amortiguadores que están funcionando bien frente a los shocks externos. El primero es un tipo de cambio que se seguirá depreciando sin dañar significativamente la posición patrimonial del sector empresarial ni de los hogares. El segundo es un sistema financiero sólido, bien capitalizado y regulado, que no va a multiplicar el impacto del shock externo, sino atenuarlo. En ambos casos una situación muy diferente de lo que fuimos testigos en las crisis que afectaron a la región en los 80s.

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