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Chile | Buscando a los responsables del bajo crecimiento

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Con los incentivos correctos, con claridad y estabilidad en las reglas del juego, los empresarios harán su parte para que Chile vuelva a crecer.

Unidades:
Geografías:Chile
Temáticas:Opinión

Chile se encamina a un cuarto año de magro crecimiento, una situación que no tiene a nadie conforme y que ha llevado a muchos en este período a buscar responsables. Los economistas se dividen entre quienes responsabilizan al deterioro de las condiciones externas —incluyendo el retroceso del precio del cobre— y quienes responsabilizan a las condiciones internas, especialmente al nutrido y desprolijo proceso de reformas. A la fecha no hay una respuesta única a esta pregunta y muchas veces cuesta distinguir los aspectos técnicos de los ideológicos en los argumentos que se ponen sobre la mesa.

Lo cierto es que la línea de argumentos que responsabiliza a las razones externas ha ido perdiendo fuerza, porque el crecimiento mundial se aceleró desde la segunda parte de 2016; China muestra señales positivas de estabilización y el precio del cobre dejó atrás mínimos en torno a US$ 2 a los que se cotizó durante gran parte del año pasado. En este contexto, cuando se pensaba que los defensores de los argumentos internos tomarían ventaja en el debate, el gobierno opta por una estrategia alternativa, que consiste en instalar en la discusión a nuevos responsables.

Resulta que Chile crece tan poco, señalan las autoridades, principalmente por tres razones: porque la demanda por importaciones de nuestros socios comerciales ha perdido dinamismo, porque a los empresarios “se les olvidó exportar” y porque el tipo de cambio no genera las condiciones de competitividad que la economía necesita. Es decir, la responsabilidad del bajo crecimiento hay que buscarla en el exterior, en los empresarios y en la política monetaria, que debería jugar un rol más activo para permitir una depreciación multilateral del peso. Lo que más se ha llegado a reconocer es que la reforma tributaria aumentó el costo del capital y eso pudo haber afectado a la inversión, pero nada se menciona de los efectos en la confianza empresarial, en la incertidumbre, en las decisiones de contratación y de inversión que pudieron haber generado algunas de las iniciativas impulsadas.

La falta de autocrítica sorprende. Los ataques al empresariado, la generación de incertidumbre y el deterioro de los incentivos para invertir han sido abrumadores en los últimos tres años. Con los incentivos correctos, con claridad y estabilidad en las reglas del juego, los empresarios harán su parte para que Chile vuelva a crecer.

La comparación que se hace con Perú es insatisfactoria porque omite una serie de problemas internos que enfrentan nuestros vecinos. Hasta hace poco nuestros países de control eran otros. Efectivamente, el estancamiento del volumen exportado y la escasa diversificación de las exportaciones son temas a resolver, pero como el mismo ministro de Hacienda lo ha señalado, esto se arrastra desde hace una década, de manera que no corresponde responsabilizarlos del bajo crecimiento de los últimos cuatro años.

El desafío de promover nuevos sectores, de enfrentar el creciente proteccionismo y de contar con precios relativos adecuados son factores a tomar en cuenta en este análisis, pero claramente no son la principal explicación del bajo crecimiento de los últimos cuatro años.

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