Publicada el lunes, 20 de julio de 2026
España | Inflación: menos presión inmediata, más riesgos de fondo
Resumen
La inflación en España moderó su avance en junio por la caída del petróleo y las medidas gubernamentales. No obstante, a medio plazo, los mayores costes de las empresas y la situación cíclica sugieren que la inflación seguirá siendo más alta que la de la eurozona.
Puntos clave
- Puntos clave:
- Tanto la reapertura parcial del estrecho de Ormuz como la capacidad de productores alternativos para sustituir la oferta perdida han permitido una reducción del precio de los bienes energéticos.
- Las medidas fiscales introducidas por el Gobierno parecen haber contribuido, al menos por el momento, a evitar que una perturbación temporal se trasladase de inmediato a los precios del resto de la cesta.
- Una alta inflación de servicios junto con la reversión de las medidas del Gobierno y la volatilidad de la situación en Oriente Próximo, limita el margen de descenso de la inflación durante los próximos meses.
- En adelante, persiste el riesgo de una inflación elevada durante un periodo prolongado debido a factores como el agotamiento de capacidad ociosa, el encarecimiento de la vivienda o los mayores costes laborales.
La inflación no ha aumentado en los últimos dos meses tanto como se esperaba. Este resultado se explica por la imprevista caída del precio del petróleo durante junio y por las medidas introducidas por el Gobierno. En adelante, su evolución seguirá determinada por el contexto internacional y la política impositiva. Sin embargo, a medio y largo plazo, el aumento estructural de los costes que afrontan las empresas, junto con la posición cíclica de la economía española, apunta a tasas que podrían continuar situándose por encima de las del conjunto de la eurozona.
El índice de precios de consumo registró un incremento interanual del 3,2 % en junio, inferior al 3,5 % previsto por BBVA Research. La diferencia se explica, principalmente, por el menor avance tanto del coste de los bienes energéticos como del de los alimentos no elaborados. En ambos casos se han producido cambios significativos e inesperados en el precio de insumos clave para su producción, como el petróleo y los fertilizantes. Tanto la reapertura parcial en junio del estrecho de Ormuz como la capacidad de productores alternativos para sustituir la oferta perdida han permitido una reducción del precio de estos bienes.
Por su parte, las medidas fiscales introducidas por el Gobierno parecen haber contribuido, al menos por el momento, a evitar que una perturbación temporal se trasladase de inmediato a los precios del resto de la cesta. El riesgo era que se produjera una reacción en cadena, en la que el aumento del coste de insumos clave al inicio de los procesos productivos se transmitiera rápidamente al precio de otros bienes. Ni los precios de los bienes industriales ni los de los alimentos elaborados parecen mostrar dinámicas distintas de las observadas antes de la perturbación.
Sin embargo, persiste el riesgo de una inflación elevada durante un periodo prolongado. Las medidas de tendencia, como la inflación subyacente, que excluye los componentes más volátiles, muestran que una parte significativa de la cesta de consumo registra aumentos de precios próximos al 3 %, alrededor de un punto porcentual por encima de la tasa comparable de la zona euro. Resulta especialmente relevante la inflación de los servicios, que alcanza el 3,9 %. Este componente establece un suelo que, junto con la reversión de las medidas del Gobierno y la volatilidad de la situación en Oriente Próximo, limita el margen de descenso de la inflación durante los próximos meses. De hecho, se prevé que en julio vuelva a crecer, hasta situarse en el 3,6 %.
A lo anterior hay que añadir que las condiciones actuales de la economía española pueden favorecer que el traslado a precios de cualquier perturbación de costes sea más rápido e intenso que en episodios anteriores. Por ejemplo, en 2022 y 2023 existía una mayor capacidad ociosa en distintos sectores —como el alojamiento— debido al impacto de la pandemia. La tasa de paro se situaba en torno al 13 %, mientras que se prevé que en 2026 descienda por debajo del 10 %, un nivel no visto en casi 20 años, lo que junto con unas vacantes sin cubrir que no han dejado de subir, indican un mercado laboral más tensionado. El aumento de la oferta de energía renovable ya no se traduce en menores precios dados los problemas de infraestructura que sufre el sector. El consumo privado apenas había recuperado el nivel de 2019 y ahora se espera que lo supere en un 13 %, lo que apunta a una mayor fortaleza de la demanda. Desde entonces, el encarecimiento de la vivienda ha deteriorado el nivel de vida de una parte importante de la población trabajadora, sobre todo de los jóvenes, y ha introducido presiones al alza sobre las demandas salariales. Esto eleva los costes laborales, aunque no es el único factor: por un lado, las cotizaciones a la Seguridad Social también aumentan por la necesidad de financiar las pensiones y por otro, el incremento del porcentaje de trabajadores en situación de incapacidad temporal.
En resumen, aunque la inflación se ha comportado mejor de lo previsto, persisten presiones que podrían limitar su descenso durante los próximos meses. Esto puede lastrar la recuperación del poder adquisitivo de los hogares, su consumo y su percepción de bienestar.
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