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Publicada el lunes, 7 de septiembre de 2026

España | Los retos del nuevo curso: productividad e inversión

Resumen

La economía española crece por encima de la media de la eurozona, impulsada por la demanda interna y el empleo. Sin embargo, se enfrenta a retos cruciales como el estancamiento de la productividad y la debilidad de la inversión, que limitan el aumento del valor añadido y el bienestar a largo plazo.

Puntos clave

  • Puntos clave:
  • Desde el cuarto trimestre de 2019, el PIB ha crecido un 12,1%, pero el PIB por ocupado solo un 0,2% y por hora trabajada un 2,4%, lo que evidencia un estancamiento de la productividad.
  • La inversión privada muestra un desempeño débil e irregular tras la pandemia, a pesar de la mejora de las condiciones de financiación y de los balances empresariales más saneados.
  • La política fiscal está limitada por una deuda pública cercana al 101,5% del PIB y un presupuesto prorrogado desde 2023, lo que dificulta la inversión en áreas estratégicas.
  • El crecimiento se ve restringido por la escasez de oferta de vivienda, que reduce la movilidad laboral, y por un entorno exterior adverso con inflación y tensiones geopolíticas.

La economía española inicia la rentrée de septiembre con un nivel de empleo que alcanza cotas históricas y un crecimiento económico previsto para 2026, en torno al 2,5%, que supera ampliamente al de la eurozona. La demanda interna, el aumento de la población activa, el turismo y unos servicios no turísticos más dinámicos explican buena parte de este diferencial.

La economía avanza con fuerza, pero el patrón de crecimiento importa tanto como su ritmo. Los datos de Contabilidad Nacional muestran que, desde el cuarto trimestre de 2019, el PIB ha aumentado un 12,1%, mientras que el PIB por ocupado apenas lo ha hecho un 0,2% y el PIB por hora trabajada, un 2,4%. La renta per cápita se ha incrementado, pero menos que la producción total. Esta brecha revela que el incremento del empleo y de la población no se ha visto acompañado con la intensidad necesaria por un aumento del  valor añadido por trabajador.

La productividad es, en última instancia, la variable que permite elevar de manera sostenida los salarios reales, financiar mejores servicios públicos y afrontar el envejecimiento sin cargar todo el ajuste sobre cotizaciones e impuestos. Crear empleo es una condición necesaria, pero no suficiente. Cuando la productividad se estanca, el crecimiento pasa a depender en mayor medida del empleo, el turismo y el consumo, motores valiosos, pero con un recorrido limitado si no vienen acompañados de un mayor valor añadido. 

El segundo motivo de preocupación es la inversión. En los ciclos expansivos, la inversión suele anticipar el crecimiento futuro al incorporar mejoras organizativas y en el capital físico, así como nuevas tecnologías y conocimientos. Sin embargo, tras la pandemia, la inversión ha tenido un desempeño débil e irregular. Es especialmente relevante que la inversión privada no haya ganado un dinamismo superior cuando las condiciones de financiación han mejorado y las empresas presentan balances más saneados.  

Los fondos Next Generation han contribuido a sostener la inversión pública. Pero ahora que ha terminado su plazo de ejecución, es necesario preguntarse qué nueva inversión tomará su relevo y en qué sectores. El reto no es solo ejecutar los recursos pendientes, sino conseguir elevar la capacidad productiva y movilizar proyectos empresariales rentables. De lo contrario, el impulso será transitorio y el coste de oportunidad, considerable.

El diagnóstico anterior se completa con tres restricciones al crecimiento. La primera es la vivienda. Su escasez de oferta encarece el acceso, reduce la movilidad laboral y dificulta atraer talento allí donde es más productivo. La segunda es la política fiscal. Con una deuda pública cercana al 101,5% del PIB y unas cuentas prorrogadas desde 2023, resulta más difícil reasignar gasto hacia vivienda, infraestructuras, educación, innovación o defensa, y mejorar su eficiencia. La tercera es el entorno exterior: la inflación energética, las tensiones comerciales y las incertidumbres geopolíticas suponen una carga sobre la renta disponible y elevan los costes empresariales.

España dispone de ventajas que conviene aprovechar: una economía exterior diversificada, servicios competitivos, mayor capacidad de generar energía renovable y una población activa creciente. Pero ninguna de ellas garantiza por sí sola la convergencia en renta per cápita con las economías europeas más avanzadas. La prioridad del nuevo curso no es únicamente mantener un crecimiento sólido y superior al europeo, es lograr que cada hora trabajada genere más valor. Ello exige facilitar la inversión y el crecimiento empresarial, reducir cargas administrativas e incertidumbres regulatorias y de política económica, aumentar la eficiencia impositiva y del gasto público, reforzar la competencia, mejorar el capital humano y la formación continua, acelerar la adopción tecnológica y de la inteligencia artificial, y dotar de estabilidad a las decisiones de inversión. También requiere una política fiscal eficiente que permita priorizar el gasto público mediante evaluaciones periódicas.

El parón estival suele ofrecer la ilusión de un reinicio, pero la realidad es que el nuevo curso arranca con asignaturas pendientes y retos muy parecidos a los de los ejercicios anteriores. Septiembre ofrece una nueva oportunidad para avanzar desde una expansión apoyada en el aumento del empleo hacia un crecimiento sustentado en una mayor inversión y crecimiento de la productividad. Sin esa transición, será más difícil mantener el actual ritmo de crecimiento  y trasladarlo plenamente a mejoras del bienestar.

 

 

Artículo de prensa. Publicado en Expansión el 4 de septiembre de 2026.

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Autores

Rafael Doménech
Rafael Doménech Responsable de Análisis económico
BBVA Research
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