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Publicada el lunes, 21 de septiembre de 2026

España | Los fondos NGEU llegan a su fin

La ejecución de los fondos NGEU en España ha adjudicado 62.726 M€. La inversión pública subió del 2,2% al 2,9% del PIB, sin cerrar la brecha con la UE. El efecto tractor sobre la inversión privada y la productividad ha sido limitado, lastrado por un contexto de múltiples shocks económicos.

Puntos clave

  • Puntos clave:
  • La inversión pública española ha pasado del 2,2% del PIB en 2019 al 2,9% en 2025, una cifra que se mantiene por debajo del objetivo del 4% y de la media de la Unión Europea (3,7%).
  • La productividad muestra un avance limitado: el PIB real por persona ocupada se estancó entre 2019 y 2026, y el PIB por hora trabajada creció a un ritmo de solo el 0,4% anual.
  • Pese a que el crédito a empresas beneficiarias de fondos NGEU ha crecido más que en licitaciones ordinarias, no se ha demostrado un efecto neto significativo sobre el conjunto de la economía.
  • Persisten retos estructurales como la baja inversión privada en I+D, la fragmentación regulatoria y los desajustes de competencias, según las recomendaciones europeas para 2026.

El grueso de la ejecución de los fondos europeos NGEU ha llegado a su fin. Con los últimos datos disponibles, España ha adjudicado desde 2021 hasta junio de 2026 contratos y ayudas financiados con transferencias del Plan de Recuperación por 62.726 millones de euros, cerca de cuatro puntos del PIB. La cifra impresiona. También plantea una cuestión: ¿ha venido acompañado este esfuerzo de un aumento equivalente de la inversión pública, de un efecto arrastre significativo sobre la inversión privada y de una mejora apreciable de la productividad? 

Un salto inversor modesto

Según los datos de la Comisión Europea, la inversión pública pasó del 2,2% del PIB en 2019 al 2,9% en 2025, pero lejos del entorno del 4 % que el Plan de 2021 pretendía alcanzar, de la media de la UE (3,7%) y de los registros anteriores a la Gran Recesión. El avance tampoco supone una aceleración significativa respecto a la tendencia anterior a la pandemia. 

Ciertamente, no es posible medir la adicionalidad de estos fondos NGEU sin observar qué habría ocurrido en su ausencia. El resultado es compatible con una adicionalidad incompleta y cierta sustitución de financiación nacional por europea. Por tanto, el objetivo de que el esfuerzo de inversión pública tuviera un carácter aditivo y permitiera cerrar la brecha con la media europea no se ha cumplido. La pregunta es qué ocurrirá cuando desaparezca el impulso temporal de estos fondos y si España evitará un nuevo escalón descendente de la inversión pública. 

De igual manera, tampoco parece haberse conseguido el objetivo de que el Plan tuviera un efecto tractor significativo sobre la inversión privada que cerrara su brecha con la UE. Se esperaba que los 140.000 millones previstos (en la práctica mucho menos, al renunciar a la mayor parte de los préstamos previstos en el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia) sirvieran de palanca para inversiones privadas por 500.000 millones durante seis años

Hay indicios de que se ha producido cierto arrastre. Un estudio de BBVA Research con unas 240.000 operaciones de crédito encuentra que, un año después de una adjudicación NGEU, el nuevo crédito a las empresas aumenta más que tras una licitación ordinaria, también en financiación a largo plazo. Sin embargo, más crédito o más inversión entre los adjudicatarios no demuestra por sí solo un efecto neto sobre toda la economía. Las empresas beneficiarias no son aleatorias, algunas inversiones desplazan proyectos financiados por otras vías y la coincidencia temporal no identifica necesariamente causalidad. 

También se observa que durante estos años se ha producido un aumento de la inversión en intangibles (que incluye software y nuevas tecnologías como IA), al mismo tiempo que las exportaciones españolas de servicios no turísticos han crecido cuatro veces más que el PIB. Pero no disponemos de información suficiente como para confirmar qué parte se debe a la ejecución del Plan o a la iniciativa de las empresas.  

Con todo, en 2025 la inversión privada sobre PIB estaba 4 décimas por debajo de su nivel de 2019. Puede argumentarse que esto no invalida las expectativas iniciales, sino que la evolución más desfavorable de lo previsto se explica por la menor ejecución del Plan y porque sus efectos positivos se han podido ver compensados por la acumulación de shocks negativos en un entorno más incierto y desfavorable para la inversión. 

Productividad: a la espera de un cambio de régimen

El conjunto de políticas y reformas del Plan tenía como objetivo aumentar la capacidad de arrastre a corto plazo sobre la actividad y el empleo de los fondos, y apoyar un proceso de transformación que aumentase la productividad y el crecimiento potencial. Sin embargo, el PIB real por persona ocupada se encontraba en el segundo trimestre de 2026 aproximadamente en su nivel del cuarto trimestre de 2019, mientras  el PIB real por hora efectivamente trabajada había aumentado alrededor de un 2,4 % en seis años y medio, apenas un 0,4 % anual.

La composición del crecimiento ofrece un contraste adicional. Según las estimaciones de BBVA Research, el efecto de las perturbaciones de oferta (que transforman la economía y aumentan la productividad) sobre el crecimiento del PIB por persona en edad de trabajar se ha ido diluyendo con el paso del tiempo. Detrás del crecimiento de los tres últimos años predominan las perturbaciones de demanda.

De nuevo, puede argumentarse que la evidencia no permite concluir que el Plan haya sido ineficaz para aumentar la productividad, por la presencia de otros shocks. El periodo de ejecución ha venido caracterizado por un intenso crecimiento de la ocupación (de la misma magnitud que el PIB), explicado en su mayor parte por el aumento de la población activa inmigrante. La concentración del nuevo empleo en servicios de productividad inferior a la media da lugar a efectos composición que diluyen las ganancias de productividad del resto de la economía. Además, las inversiones digitales, energéticas o en capital humano pueden tardar en desplegar sus efectos, de manera que no sean visibles de forma robusta en los agregados macroeconómicos.

Los retos pendientes

El diseño del Plan estuvo alineado con las recomendaciones europeas para España de 2019 y 2020 en materia de innovación, eficiencia energética, interconexiones y ferrocarril, digitalización, educación y formación. La Comisión Europea ha certificado el cumplimiento de numerosos hitos y reformas relevantes, de manera que, tras el sexto desembolso, España ha recibido más de 78.000 millones de euros de fondos europeos. Pero el cumplimiento de los requisitos para recibir estos fondos, el dinero movilizado y sus resultados económicos son cuestiones distintas. Las recomendaciones europeas de 2026 vuelven a señalar la baja inversión privada en I+D, la fragmentación regulatoria, el reducido tamaño empresarial, la débil conexión entre ciencia y empresa, los desajustes de competencias, las carencias de infraestructuras energéticas y la necesidad de mejorar la evaluación y la sostenibilidad presupuestaria. 

No disponemos de un contrafactual que permita atribuir cuánto ha contribuido el Plan a la mejora de la inversión y de la productividad, y aislar sus efectos del resto de perturbaciones. Para identificar esa contribución será necesario disponer de información detallada sobre su ejecución y estimar sus efectos con la ayuda de modelos económicos. Aunque sin los fondos, la inversión y el PIB habrían sido menores en una etapa marcada por la pandemia, las crisis energéticas, la inflación y la subida de los tipos de interés, se puede concluir que el Plan no ha sido suficiente para observar la mejora neta de los indicadores macroeconómicos que perseguían sus objetivos

En última instancia, el éxito de este programa europeo debe medirse por la calidad de su ejecución, la adicionalidad de la inversión pública, su capacidad para movilizar capital privado y sus efectos sobre la productividad. El NGEU ha amortiguado crisis y abierto oportunidades. Convertirlas en mayor crecimiento potencial exige preservar la inversión productiva, evaluar proyectos y reformas, eliminar barreras al crecimiento empresarial y reforzar el capital humano. Los efectos pueden seguir llegando, pero corresponde evaluarlos y demostrarlos como parte de un ejercicio detallado de rendición de cuentas.

INVERSIÓN PÚBLICA, 1995-2025

(% DEL PIB)

 

CONTRIBUCIÓN DE LOS FACTORES DE OFERTA Y DEMANDA AL CRECIMIENTO DEL PIB POR PERSONA EN EDAD DE TRABAJAR 

(%)

 

Fuente: BBVA Research en base a AMECO y Boscá et al (2024)

 

Fuente: BBVA Research en base a Boscá et al (2026).  

Artículo de prensa. Publicado en Actualidad Económica (El Mundo) el 20 de septiembre de 2026. 

Autores

Rafael Doménech
Rafael Doménech Responsable de Análisis económico
BBVA Research
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