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Publicada el lunes, 27 de julio de 2026

Europa | El BCE endurece el tono

Resumen

Tras la pausa de julio, el BCE adopta un tono más duro ante las renovadas tensiones geopolíticas y la nueva escalada del precio del petróleo. La decisión de septiembre sobre los tipos está abierta, dependerá de los datos y el entorno. Evidentemente, si el estrecho sigue cerrado será muy difícil que no vuelva a subir tipos.

Puntos clave

  • Puntos clave:
  • Algunos miembros del Consejo de Gobierno ya abogaban por una subida de tipos en la reunión de julio, lo que indica que la balanza se inclina hacia una política más restrictiva.
  • El balance de riesgos sobre la inflación vuelve a ser al alza, en contraste con la visión más equilibrada de finales de junio, debido al repunte del precio del petróleo a 100 dólares por barril.
  • El BCE validó las expectativas del mercado, que descuentan al menos otra subida de tipos tan pronto como en septiembre, mostrando comodidad con esta previsión.
  • Más allá de septiembre, la clave está en los efectos de segunda ronda y, de estos, por ahora no hay indicios, lo que permite al BCE mantener la calma en medio de tanta incertidumbre.

Tras la subida de 25 puntos básicos en junio, hasta el 2,25% para el tipo de referencia de política monetaria, estaba descontada una pausa para la reunión del 23 de julio del Banco Central Europeo (BCE). El interés recaía sobre las pistas que podría dar la institución para las siguientes reuniones, dado el difícil entorno internacional tras la ruptura del preacuerdo entre Estados Unidos e Irán sobre la crisis del golfo Pérsico.

Las pistas que dio la presidenta Christine Lagarde en la rueda de prensa denotaron en su conjunto un tono relativamente hawkish, y resultó más informativa de lo que suelen ser las reuniones habituales “de pausa” del banco central.

Primero, señaló que algunos miembros del Consejo de Gobierno manifestaron su posición de subir tipos ya en esta reunión. Aunque hubo unanimidad en la decisión de no hacerlo (como suele ser habitual recientemente), este dato ya es de por sí indicativo de que la balanza se inclina en esa dirección.

Segundo, el balance de riesgos sobre la inflación sigue siendo al alza. Esto no es un cambio respecto a la reunión de junio, pero sí respecto al encuentro anual del BCE en Sintra a finales de junio, que concentra a un nutrido grupo de representantes de la academia, sector privado y bancos centrales, en el que Lagarde habló de unos riesgos más equilibrados. Todo ello coincidió con las semanas en las que la tregua en Irán se estaba respetando y el precio del petróleo se había corregido fuertemente a la baja (hasta casi 70 dólares el barril de Brent). Ahora el panorama geopolítico es distinto y el precio ha vuelto a los 100 dólares el barril.

Tercero, el BCE sigue muy preocupado. Continuamos inmersos en un entorno de elevada incertidumbre. La situación en Oriente Medio puede reconducirse, pero también pueden surgir nuevas amenazas. El último episodio es la amenaza del cierre del estrecho del Mar Rojo, que ha estado funcionando estos meses como uno de los amortiguadores para el precio del petróleo, al permitir a Arabia Saudí exportar una parte importante de su producción de crudo. Lagarde señaló que no han tenido tiempo material de incorporarlo en sus deliberaciones, pero calificó la amenaza como alarmante. Así, en este entorno, el BCE seguirá anclado en la elaboración de escenarios (sobre el precio del petróleo y el gas) para tomar decisiones. Si a la vuelta de verano la situación continúa así, la probabilidad de un escenario benigno se reducirá y aumentará la de otros alternativos más negativos.

Cuarto, y aunque no sea novedoso, Lagarde fue muy clara al destacar que los mercados estaban entendiendo bien la función de reacción del banco central. Por ello, aunque no explícitamente, vino a validar las expectativas del mercado, que actualmente está descontando al menos otra subida de tipos tan pronto como septiembre. Decir esto cuando no hay reuniones de por medio indica que están cómodos con estas expectativas.

Pero, en quinto lugar, también se dejaron caer elementos que pueden aconsejar mantener la calma. La situación es muy volátil, y aunque es susceptible de empeorar, igualmente puede mejorar y muy rápidamente. El hecho de que los ataques no estén afectando a infraestructuras clave, por ahora, demuestra que los incentivos para seguir negociando por ambas partes están ahí. La escalada del precio del petróleo, por sí misma, junto con la consistente subida de tipos de interés a largo plazo (una referencia relevante para la economía americana) pueden actuar como acicate para volver a la mesa de negociación.

Y, por último, y no menos importante, para anticipar la reacción del BCE más allá de septiembre es clave lo que pase con los efectos de segunda ronda (es decir, la traslación de las subidas de los precios energéticos a expectativas de inflación y, sobre todo a salarios). De momento, en la zona euro no se observa ningún indicio de estos efectos. Esto lo subrayó Lagarde, muy convenientemente, más de una vez durante la rueda de prensa.

En definitiva, el cuadro está abierto para septiembre. Evidentemente, si el estrecho de Ormuz continúa cerrado por entonces, será muy difícil que el BCE no vuelva a subir tipos. Si, como esperamos, se endereza el entorno geopolítico, la decisión dependerá de la evolución de los datos y del entorno de confianza en ese momento.

Geografías

  • Etiquetas de Geografía
  • Europa

Autores

Sonsoles Castillo
Sonsoles Castillo Responsable de Análisis económico y financiero
BBVA Research
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Miguel Jiménez
Miguel Jiménez Economista líder de Economía global
BBVA Research
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