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Publicada el jueves, 2 de julio de 2026

Global | ¿De qué hablamos cuando comparamos la productividad entre países?

Resumen

El debate sobre la productividad requiere distinguir entre la producción por ocupado, por hora y la total de los factores. Confundir estas métricas puede generar interpretaciones imprecisas sobre la convergencia de Europa o España frente a Estados Unidos.

Puntos clave

  • Puntos clave:
  • Desde 1995, los países del sur de Europa, como España, Italia y Grecia, muestran un crecimiento inferior a la media comunitaria y mantienen una brecha estructural persistente en sus niveles productivos.
  • Entre 2019 y 2025, España registra avances moderados que reflejan las dificultades de la economía para transformar la creación de empleo en aumentos sostenidos de su productividad.
  • Midiendo en paridades de poder de compra corrientes desde 1995, la productividad por ocupado en España retrocedió nueve puntos frente a Estados Unidos, pasando del 83% al 74%.
  • Si se evalúa mediante el PIB por hora trabajada, la caída de España frente a la economía estadounidense se limita a cuatro puntos, mientras que el conjunto de la Unión Europea ganó cinco puntos.

Tras el Informe Draghi se ha reavivado el debate sobre la productividad y la capacidad de Europa para converger con Estados Unidos. Sin embargo, con frecuencia se observan diagnósticos confusos al comparar países con definiciones de productividad distintas. Por ello, resulta imprescindible delimitar las métricas empleadas y comprender los mecanismos que subyacen a cada una.

En el debate económico se suelen utilizar tres conceptos distintos: la productividad por persona ocupada, la productividad por hora trabajada y la productividad total de los factores (PTF). Mezclarlos puede introducir imprecisiones en los análisis comparativos e inducir sesgos en la política económica.

La productividad por ocupado se define como el PIB generado por cada trabajador, en media, mientras que la productividad por hora mide esa producción en relación con el total de horas trabajadas. La relación entre ambas viene determinada por la jornada media por empleado: una economía puede tener elevada productividad por hora y menor productividad por ocupado si trabaja menos horas al año.

Conviene recordar que la finalidad última del crecimiento económico es aumentar el bienestar. Para ello, la productividad por ocupado debe crecer de manera sostenida, pues es el principal determinante real de los salarios por trabajador a largo plazo, del consumo y del ocio. Cuando la producción por empleado se estanca, aumentar los salarios o reducir la jornada sin ganancias equivalentes en eficiencia tiende a elevar los costes laborales unitarios y a perjudicar la inversión, la competitividad y el empleo.

La evidencia histórica muestra una regularidad clara: las horas anuales por ocupado disminuyen a medida que aumenta la productividad. Este fenómeno responde al efecto renta. El progreso técnico hace posible producir más con menos horas, eleva la renta disponible y permite a los hogares consumir más, pero también demandar más ocio. En ese sentido, trabajar menos horas es una elección voluntaria compatible con un mayor bienestar. Lo que resulta difícil de conciliar con las preferencias reveladas de los trabajadores (como muestran los convenios colectivos) es una reducción voluntaria de horas cuando la productividad por ocupado y los salarios reales permanecen estancados. En ese caso, más ocio no va acompañado de más consumo. Si, además, la reducción de jornada mantiene constante la remuneración mensual, deja de ser una consecuencia natural del progreso y se convierte en un aumento de los costes laborales unitarios. La cuestión relevante no es si una economía avanzada debe aspirar a trabajar menos horas, sino si lo hace como resultado de una mayor productividad o como sustituto de ella.

La tercera métrica, la PTF, exige una cautela adicional. Suele presentarse como el motor último de la competitividad, pero no constituye una medida directa de la eficiencia. En gran medida, la PTF es un residuo contable: la parte del crecimiento del PIB que no queda explicada por el trabajo, el capital y otros factores incorporados en la función de producción. Por ello, depende de qué variables se incluyan, de cómo se midan el capital físico, el empleo, el capital humano o los intangibles, y de la especificación de la función de producción. Como resultado, es posible que el crecimiento de la PTF no venga acompañado por el de la productividad por ocupado.

Debido a esta naturaleza residual, una mejora aislada de la PTF no garantiza un aumento del PIB por ocupado si el resto de los factores empeora. De poco sirve que aumente la eficiencia organizativa, medida por la PTF, si se reduce el stock de capital productivo por trabajador. Del mismo modo, tampoco representa un progreso estructural sostenible una intensa acumulación de capital si una PTF decreciente refleja ineficiencias profundas en la asignación de recursos. Lo relevante es que el conjunto de determinantes de la productividad eleve de manera persistente la renta por trabajador.

Una vez definidas estas medidas, estamos mejor equipados para analizar la evidencia internacional. Desde 1995 hasta 2025, periodo que permite incluir a los países adheridos más recientemente a la UE, se observan patrones de convergencia muy heterogéneos. Los países en los que más ha crecido la productividad, tanto por hora como por ocupado y en su PTF, han sido muchos de los nuevos estados miembros. Letonia, Lituania, Estonia y Polonia se sitúan entre las economías con mayores avances acumulados, en algunos casos por encima de Estados Unidos. Este comportamiento refleja un intenso proceso de convergencia real, favorecido por la inversión, la integración en el mercado europeo y la asimilación tecnológica. Con todo, partían de niveles iniciales de productividad más bajos, por lo que sus mayores tasas de crecimiento no implican haber alcanzado a las economías más avanzadas. Por el contrario, los países del sur de Europa, entre ellos España, Italia y Grecia, muestran un crecimiento inferior al promedio de la UE27 y una brecha estructural persistente.

Si restringimos el análisis al periodo 2019-2025, desde el año previo a la pandemia hasta la actualidad, la heterogeneidad vuelve a manifestarse. Algunas economías del este de Europa y Polonia mantienen un crecimiento relativamente robusto del PIB por hora y por ocupado. España, en cambio, muestra avances más moderados, coherentes con sus dificultades para transformar el crecimiento del empleo en mejoras sostenidas de productividad.

Para interpretar correctamente estas comparaciones es indispensable tener en cuenta el debate sobre las paridades de poder de compra (PPC). Las PPC corrientes indican cuánto puede comprar la renta de un país con los precios relativos de cada año y son útiles para comparar niveles de vida en un momento determinado. Las PPC constantes, con un año base fijo, como 2021, aíslan mejor los cambios de precios relativos y permiten analizar la evolución de la capacidad productiva real.

La distinción no es menor. Cuando la productividad por ocupado se evalúa con precios y PPC corrientes, la Unión Europea parece haber mantenido una posición relativamente estable frente a Estados Unidos desde 1995. Sin embargo, parte de ese aparente sostenimiento se explica por el abaratamiento relativo de Europa frente a la economía estadounidense. Con esta métrica, España habría perdido unos nueve puntos, del 83% al 74% de Estados Unidos, mientras que la UE27 habría ganado uno. Al medir el PIB por hora trabajada, España habría perdido solo cuatro puntos, mientras que la UE27 habría ganado cinco.

En síntesis, las comparaciones internacionales de productividad son útiles, pero únicamente si se distingue con precisión qué se está midiendo. La productividad por hora informa sobre la eficiencia del uso del tiempo de trabajo; la productividad por ocupado, sobre la capacidad de generar renta por trabajador; y la PTF, sobre la parte del crecimiento que no se explica por los factores productivos observados. La prioridad no debería ser mejorar una de estas métricas de forma aislada, sino lograr que el PIB por ocupado aumente de manera sostenida, gracias a la acumulación de factores y a la mejora de su eficiencia, lo que permitiría que el crecimiento del PIB por hora trabajada fuera incluso mayor. Para España, la evidencia comparada apunta a que esta mejora simultánea no ha ocurrido y que persiste el reto de aumentar la inversión productiva, mejorar la asignación de recursos, elevar el capital humano y reforzar la competencia. Sin estas mejoras, trabajar menos no será consecuencia del progreso, sino una restricción adicional para alcanzarlo.

CRECIMIENTO DEL PIB POR OCUPADO Y POR HORA TRABAJADA, 1995-2025 (PRECIOS DE 2021)

 

CRECIMIENTO DEL PIB POR OCUPADO Y POR HORA TRABAJADA, 2019-2025 (PRECIOS DE 2021)

 

Fuente: BBVA Research a partir de AMECO

 

Fuente: BBVA Research a partir de AMECO

 

CRECIMIENTO DEL PIB POR OCUPADO DE LA PRODUCTIVIDAD TOTAL DE LOS FACTORES, 1995-2025 (PRECIOS DE 2021)

 

CRECIMIENTO DEL PIB POR OCUPADO DE LA PRODUCTIVIDAD TOTAL DE LOS FACTORES, 2019-2025 (PRECIOS DE 2021)

 

Fuente: BBVA Research a partir de AMECO

 

Fuente: BBVA Research a partir de AMECO

 

PIB POR OCUPADO, 1995-2025
(PPC CORREINTES, EE. UU.=100)

 

PIB POR HORA TRABAJADA, 2019-2025
(PPC CORREINTES, EE. UU.=100)

 

Fuente: BBVA Research a partir de AMECO

 

Fuente: BBVA Research a partir de AMECO

 

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Autores

Rafael Doménech
Rafael Doménech Responsable de Análisis económico
BBVA Research
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