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Publicada el viernes, 21 de agosto de 2026

Global | El dólar recupera el pulso

Resumen

En 2026, el dólar revirtió su debilidad inicial fortaleciéndose ante expectativas de una Fed más restrictiva, tensiones en Oriente Próximo y el flujo de capital hacia EE. UU. por el auge de la IA.

Puntos clave

  • Puntos clave:
  • La inflación persistente y la fortaleza económica de EE. UU. hicieron que los mercados pasaran de esperar bajadas de tipos a descontar un incremento de 25 puntos básicos por parte de la Fed en el último trimestre de 2026.
  • Las tensiones entre EE. UU. e Irán, el encarecimiento del petróleo y el auge de la inversión en infraestructuras vinculadas a la IA reforzaron el atractivo de los activos estadounidenses y la demanda de dólares.
  • El yen fue la divisa desarrollada más presionada, llegando el dólar a superar los 163 yenes, un nivel no visto en casi cuatro décadas, lo que provocó una intervención coordinada.
  • En Latinoamérica, divisas como la de Colombia se vieron apoyadas por los tipos de interés elevados y el encarecimiento del petróleo, a diferencia de la lira turca o la rupia india.
  • La fortaleza del dólar sigue siendo frágil: dependerá de la Fed, la geopolítica y de que continúen los flujos de capital hacia EE. UU.

El mercado de divisas ha vivido una primera mitad de 2026 cambiante. El año comenzó con un dólar debilitado —con el euro por encima de 1,20 dólares y en máximos de cinco años frente a la moneda estadounidense— por las dudas sobre la política comercial estadounidense y por las expectativas de una rápida relajación monetaria por parte de la Reserva Federal (Fed). Sin embargo, el dólar recuperó terreno a medida que avanzaba el año por tres factores: el cambio de expectativas sobre lo que haría la Fed, el conflicto en Oriente Próximo y el flujo de inversión hacia Estados Unidos ligado al desarrollo de la inteligencia artificial.

 

Al comienzo del año, los mercados anticipaban que la Fed reduciría los tipos de interés con rapidez durante 2026. Esto restaba atractivo a los activos denominados en dólares y favorecía al euro y a otras monedas. También las amenazas arancelarias de la administración Trump se interpretaban como un elemento negativo para la divisa estadounidense, por la incertidumbre que generaban sobre el comercio, la inflación y el crecimiento.

 

Ese escenario duró poco. La persistencia de las presiones inflacionistas y la resiliencia de la economía estadounidense llevaron a los inversores a revisar sus previsiones. El giro fue notable: de esperar un ciclo de bajadas de tipos intenso se pasó a contemplar que la Fed mantuviera una política restrictiva más tiempo, e incluso que el siguiente movimiento pudiera ser una subida de tipos. Los mercados descuentan un incremento de 25 puntos básicos en el último trimestre del año y cierta probabilidad de otro en 2027, devolviendo atractivo a los activos denominados en dólares.

 

A ello se unió un contexto internacional más complejo. Las tensiones entre Estados Unidos e Irán impulsaron los precios de la energía. El Brent subió más de un 50%, manteniéndose varias semanas por encima de los 100 dólares, y reabrió una vieja brecha entre las economías importadoras y productoras de energía. Estados Unidos encaró el shock mejor gracias a su capacidad de producción. Además, la incertidumbre global reforzó el papel del dólar como activo refugio.

 

El tercer elemento fue la capacidad de los mercados estadounidenses para atraer capital internacional. El auge de la inversión en centros de datos, semiconductores e infraestructuras vinculadas a la inteligencia artificial reforzó el atractivo de empresas y activos estadounidenses, sosteniendo indirectamente la demanda de dólares.

 

Entre las divisas desarrolladas, el euro volvió a mostrar su sensibilidad a los shocks energéticos. La dependencia energética limitó su avance, mientras el mercado asumía que el Banco Central Europeo tendría menos margen que la Fed para mantener una política monetaria restrictiva. La libra mostró mayor resistencia, apoyada por la cautela del Banco de Inglaterra ante una inflación elevada. El yen fue la moneda más presionada por el amplio diferencial de tipos con Estados Unidos, las políticas fiscalmente expansionistas del nuevo Gobierno japonés y la dependencia energética de Japón. El dólar llegó a superar los 163 yenes, un nivel no visto en casi cuatro décadas, lo que provocó una intervención coordinada entre Japón y Estados Unidos para frenar la depreciación.

 

Las monedas emergentes ofrecieron una imagen heterogénea. Mientras la lira turca y la rupia india continuaron depreciándose, en Latinoamérica, algunas divisas encontraron apoyo en tipos de interés elevados y mejores perspectivas económicas. Colombia fue el ejemplo más claro, al combinar un resultado electoral más favorable a la inversión con el impulso del encarecimiento del petróleo. Este último factor también benefició a otras economías exportadoras de crudo.

 

Para los próximos meses, la evolución de la Fed, la geopolítica y la capacidad de Estados Unidos para seguir atrayendo capital marcarán el rumbo del mercado de divisas. Aunque el dólar ha recuperado terreno y mantiene su condición de activo refugio, su fortaleza no está garantizada: una Fed menos restrictiva, una menor tensión en Oriente Próximo o una desaceleración de los flujos ligados a la inteligencia artificial podrían debilitarlo. A ello se suma el debate sobre una posible reducción de la exposición global a los activos estadounidenses, ante la incertidumbre comercial, el deterioro fiscal y las dudas institucionales. Estos factores han pesado menos desde febrero, pero podrían volver a ganar protagonismo. El balance de riesgos para el dólar, por tanto, puede cambiar con rapidez y hacerle perder parte del terreno ganado este año.

Geografías

Autores

María Martínez
María Martínez Economista principal de Economía global
BBVA Research
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