Publicada el lunes, 21 de septiembre de 2026
Europa | El estrecho margen
Europa afronta el invierno con un margen estrecho en el mercado del gas. Los niveles de almacenamiento se sitúan por debajo de los del año pasado, mientras que la competencia con Asia por los cargamentos y la interrupción de los flujos procedentes del Golfo elevan la tensión, apuntando a un escenario de precios elevados.
Puntos clave
- Puntos clave:
- El almacenamiento de gas de la UE alcanzaría un máximo del 75%, frente al 83% anterior, mientras los envíos del Golfo cayeron más de un 85% entre marzo y agosto, tensionando el suministro de cara al invierno.
- En el lado de la demanda, Europa compite con Asia, donde China, Japón y Corea han reducido sus importaciones un 20%. El precio del gas asiático, en 25 dólares/MMBtu, podría limitar la escalada de precios en Europa.
- El principal riesgo no es el desabastecimiento, sino el alto coste del gas, que afectará a hogares e industria. Esta última ya compite con desventaja energética frente a EE. UU. y China, y el margen fiscal para subsidios es menor.
Los análisis con tintes negativos son habituales al hablar de la economía europea, y el gas no es excepción. Tras el verano han vuelto los fantasmas de 2022, con una tregua fallida en Oriente Medio y reservas en mínimos para estas fechas. El almacenaje de la UE ronda el 68%, aunque la fotografía es desigual, con varios países del norte que superan apenas el 50%, mientras el sur, incluida España, llega mejor al otoño.
Con estos niveles, el tiempo importa tanto como el gas disponible, porque los depósitos tienen una velocidad máxima de llenado y Europa podría alcanzar su pico con apenas un 75% de capacidad, frente al 83% del año pasado. Parte del problema se gestó en verano, cuando el gas era caro, apenas había incentivo para almacenarlo y se confiaba en que la tregua normalizara los flujos. Esa esperanza se ha desvanecido y los envíos del Golfo, sobre todo de Qatar, cayeron más de un 85% entre marzo y agosto, mientras la interrupción parece cada vez menos transitoria.
Estados Unidos juega aquí un papel peculiar. Su enorme producción mantiene sus precios domésticos de gas muy por debajo del europeo y asiático y, al mismo tiempo, lo ha consolidado como gran exportador, ayudando a aliviar la tensión global. La mejor prueba de cuánto ha cambiado el mercado es que Qatar, uno de los mayores exportadores del mundo, está negociando comprar gas estadounidense para atender a sus clientes.
Respecto a la demanda, Europa compite principalmente con Asia por los cargamentos. China, Japón y Corea han reducido sus importaciones cerca de un 20%, mientras algunos compradores emergentes recurren al carbón, las renovables o la producción doméstica. El gas asiático ronda los 25 dólares/MMBtu y, a estos niveles, se estima que tienen menos margen para seguir pujando, lo que ayudaría a poner cierto techo a los actuales precios del gas en Europa.
El invierno pondrá a prueba ese equilibrio, aunque Europa parte con un consumo de gas menor que en 2022 y ha tenido la suerte de encadenar varios inviernos suaves. Las previsiones vuelven a apuntar a temperaturas benignas, con El Niño entre los factores, pero confiar demasiado en el clima tiene algo de apuesta. Con menos reservas, un invierno frío, poca generación eólica o una recuperación de la demanda asiática obligarían a competir en un mercado tenso.
No parece, por tanto, que el riesgo sea quedarse sin gas, sino cuánto habrá que pagar para asegurarlo. Ese coste llegará a los hogares y pesará sobre una industria que compite con desventaja energética frente a Estados Unidos y China, mientras el margen fiscal para repetir los subsidios de 2022 es menor. Europa podrá superar el invierno, pero cualquier sorpresa no saldrá barata.
Artículo de prensa. Publicado en El País el 20 de septiembre de 2026.
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